Uno no puede defender ideales que no conoce, sean éstos de un partido, nombre o apellido, y que además no ha vivido en su mismo tiempo.
Uno puede defender y ahondar en esfuerzos en valores construidos por su vivencia, creencia y educación.
Por lo tanto, si quienes pretenden que la esencia de un partido, nombre o apellido persista junto a los valores e ideales engendrados junto a aquél, deben transmitir sus conocimientos o vivencias de aquellos tiempos que eventualmente han vivido.
Así de ésta forma cumplirán con una etapa más, que es, la continuación de la propia lucha o misión, en manos de una nueva generación.
De otra forma, aquella tarea de haber apoyado y seguido un ideal de país quedará inconclusa, porque deben aprender que, no se agota en el fracaso de no haber conseguido lo añorado; todo tiene capacidad de retorno y continuación; todo, no puede ser resuelto por uno sólo o por quienes solos eran en su momento, o sea, una generación.
La gran verdad de las luchas o misiones, es descubrir en los fracasos la oportunidad de la victoria, o por lo menos, la luz en la agonía.
Transmitir implica educar, para que el otro haga suyo lo que es propiamente de uno.
El verdadero sabio-político (estadista) no es aquél quien tiene mejores ideas o retórica sino quien sabe transmitirlas para lograr su perpetuidad junto a ellas.
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