Cualquiera sea el sentido que los oriente y aun cuando sustenten ideales contrapuestos, están más cerca y más unidos que todos los demás.
Lo que divide a los hombres, es el tener intereses, porque los intereses rara veces son comunes, y cuando son comunes no siempre son permanentes, por eso en mi lucha política siempre he preferido tener frente a mis posiciones a los hombres que actúan y me combaten en nombre de sus ideales, y no a los que luchan en nombre de sus intereses o como testaferros de intereses ajenos.
La prensa como los hombres, las instituciones, como los gobiernos, y aún como los pueblos, orienta sus conductas según sus ideales o según sus intereses.
Esta es para mí una norma básica de la ética social y debe inspirar y regir todas las actividades del periodismo cuando el periodismo quiere serlo de verdad, y quiere servir honradamente al interés social.
La actividad periodística de un país, en sus distintas formas, es el reflejo de la vida misma de su pueblo. De colectividades cinéticas y hombres sin honor no puede esperarse un periodismo sin objetivo, sin valores morales, y sin virtudes, cada pueblo tiene también el periodismo que se merece.
*Extracto de discurso de JUAN DOMINGO PERÓN refiriendose al periodismo.
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Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo... del miedo al cambio. Octavio Paz.
martes, 28 de septiembre de 2010
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Los hombres mediocres y los hombres superiores
Los mediocres no recorren sino caminos conocidos; los superiores buscan siempre nuevos caminos. A los mediocres les gusta andar sobre las cosas hechas; a los superiores les gusta crear.
Los mediocres se conforman con un éxito; los superiores aspiran a la gloria, respiran ya el aire del siglo siguiente y viven casi en la eternidad. Un pintor que suele copiar cuadros y otro pintor que crea, por ejemplo, el primero es un hombre mediocre, el segundo es un hombre superior.
Los mediocres son los inventores de las palabras prudencias, exageración, ridiculez y fanatismo. Para ellos el fanatismo es una cosa inconcebible. Toda nueva idea es exagerada. El hombre superior sabe en cambio que fanático puede ser un sabio, un héroe, un santo o un genio, y por eso lo admira y también lo acepta y acepta el fanatismo.
Para un hombre superior, una idea nueva puede ser un descubrimiento de algo grande, por ejemplo un mundo nuevo, como el mundo que descubrió Colón, un hombre de origen tan sencillo. Un hombre común o mediocre nunca profundiza una cosa y menos ama; el amor para él es una ridiculez y una exageración. Un hombre superior, en cambio, es capaz de amar hasta el sacrificio.
No porque un hombre tenga mucho estudio ha de ser superior. Hay que hacer mucha diferencia entre los de gran cultura que creen que lo saben todo, porque algunos tienen también la soberbia del ignorante, que es la más peligrosa de todas.
Los mediocres nunca quieren comprometerse, y de ésos nosotros conocemos a muchos. Son cobardes, nunca se juegan por una causa, ni por nadie; dirigentes políticos de las horas buenas y aprovechadores cuando el río está revuelto.
El eterno castigo de los mediocres es el desprecio. Y nosotros, además del desprecio, debemos ignorarlos. A los mediocres los mata el anonimato. Carecen de entusiasmo, de fe, de esperanza y, como es lógico, de ideales. Los hombres superiores creen en la belleza, en el amor y en la grandeza, creen en todo lo extraordinario.
EVA PERÓN
extractos de su libro HISTORIA DEL PERONISMO, S.I.P.A. 1953
Los mediocres se conforman con un éxito; los superiores aspiran a la gloria, respiran ya el aire del siglo siguiente y viven casi en la eternidad. Un pintor que suele copiar cuadros y otro pintor que crea, por ejemplo, el primero es un hombre mediocre, el segundo es un hombre superior.
Los mediocres son los inventores de las palabras prudencias, exageración, ridiculez y fanatismo. Para ellos el fanatismo es una cosa inconcebible. Toda nueva idea es exagerada. El hombre superior sabe en cambio que fanático puede ser un sabio, un héroe, un santo o un genio, y por eso lo admira y también lo acepta y acepta el fanatismo.
Para un hombre superior, una idea nueva puede ser un descubrimiento de algo grande, por ejemplo un mundo nuevo, como el mundo que descubrió Colón, un hombre de origen tan sencillo. Un hombre común o mediocre nunca profundiza una cosa y menos ama; el amor para él es una ridiculez y una exageración. Un hombre superior, en cambio, es capaz de amar hasta el sacrificio.
No porque un hombre tenga mucho estudio ha de ser superior. Hay que hacer mucha diferencia entre los de gran cultura que creen que lo saben todo, porque algunos tienen también la soberbia del ignorante, que es la más peligrosa de todas.
Los mediocres nunca quieren comprometerse, y de ésos nosotros conocemos a muchos. Son cobardes, nunca se juegan por una causa, ni por nadie; dirigentes políticos de las horas buenas y aprovechadores cuando el río está revuelto.
El eterno castigo de los mediocres es el desprecio. Y nosotros, además del desprecio, debemos ignorarlos. A los mediocres los mata el anonimato. Carecen de entusiasmo, de fe, de esperanza y, como es lógico, de ideales. Los hombres superiores creen en la belleza, en el amor y en la grandeza, creen en todo lo extraordinario.
EVA PERÓN
extractos de su libro HISTORIA DEL PERONISMO, S.I.P.A. 1953
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